Amargo mejunje político
El presidente del PLRA, Blas Llano, anunció esta semana que en octubre los partidos que integran la “Alianza” seleccionarán al candidato que pugnará por la Presidencia en las elecciones generales del próximo año. Ahora bien, a la luz de lo acontecido desde 2008 hasta la fecha, está claro que las nucleaciones políticas que se encuentran actualmente en función de gobierno no conforman en realidad más que un vulgar mejunje o, a lo sumo, una asociación de embusteros destinada a llenar los bolsillos de sus principales referentes a costa de las muchas necesidades y padecimientos del pueblo paraguayo. Estas y otras constituyen razones de peso para que el pueblo paraguayo no permita que lo vuelvan a engañar vilmente en el 2013.
El presidente del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), Blas Llano, anunció esta semana que en octubre los partidos que integran la “Alianza” seleccionarán al candidato presidencial que pugnará por la Primera Magistratura en las elecciones generales del próximo año. Ahora bien, a la luz de lo acontecido desde 2008 hasta la fecha, está claro que las nucleaciones políticas que se encuentran actualmente en función de gobierno no conforman en realidad más que un vulgar mejunje o, a lo sumo, una asociación de embusteros destinada a llenar los bolsillos de sus principales referentes a costa de las muchas necesidades y padecimientos del pueblo paraguayo.
En efecto, ¿qué “alianza” nos gobierna desde hace tres años y medio? Ninguna. En todo este tiempo la ciudadanía ha sido estupefacto testigo de las permanentes trifulcas en las que se sumieron los caudillos y capataces políticos del PLRA y del Frente Guasu, los dos principales polos de la “coalición” conformada hace más de cuatro años para, hipotéticamente, salvar al país de la debacle.
La hoy desahuciada “Alianza Patriótica para el Cambio” no pasó de ser más que una propuesta electoral destinada única y exclusivamente a desplazar a los colorados del poder, pero sin ningún tipo de contenido programático coherente y sustentable. De allí que ni bien accedieron al gobierno, liberales e izquierdistas se involucraron en una sucia batalla destinada a repartirse la torta del Estado como si de una vulgar gavilla de ladrones se tratara.
De esta forma, no contentos con adjudicarse a gusto y paladar las posiciones más ventajosas de la administración pública, desataron igualmente una lucha intestina de carácter ideológico que produjo un importante perjuicio para el país, fundamentalmente en lo que respecta a la pérdida de significativas oportunidades económicas.
Fruto de estos enfrentamientos constantes, el país se vio forzado a sobrellevar durante gran parte del tiempo un Gobierno partido en dos, con una mitad de sus integrantes apuntando al centro o la derecha, y la otra impulsando políticas de corte netamente socialista o bolivarianas marxistas. Una de las pruebas más fehacientes de esta desinteligencia puede fácilmente constatarse en el desaguisado que protagonizó el Poder Ejecutivo con el vergonzoso fracaso de la ley de concesión de administración de aeropuertos, auspiciada por el propio Fernando Lugo y, luego también, rechazada por él mismo por la interesada presión de los sindicalistas que son verdaderos dueños de los depósitos fiscales en el lugar, donde está la torta grande.
Que la mentada “Alianza” redituó invaluables beneficios económicos a un grupo de privilegiados es algo que está presente a la vista de todos. Basta observar la forma en que viven los parientes cercanos de Lugo e incluso él mismo, quien nunca se sintió en la necesidad de explicar a la población si es o no el verdadero propietario de una estancia negociada por su abogado personal, Marcos Fariña. ¿De dónde le apareció tanto dinero a este letrado como para adquirir una estancia?
Además, los manejos oscuros se suceden sin solución de continuidad en Aduanas, donde es conocida la influencia que ejerce el hermano del propio Lugo, Pompeyo; así como en el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC), y en otras entidades de notorio perfil recaudador en términos político-proselitistas. Fue sonado, igualmente, el caso de los millonarios contratos con los que la Entidad Binacional Yacyretá benefició a Luis Vigo Lugo, sobrino del Presidente de la República.
Estos son solo algunos de los últimos frutos más amargos de una “Alianza” que no se diferenció en nada del modelo de administración que los colorados impusieron en el país durante más de seis décadas, con una ventaja, si se quiere, a favor de estos últimos: los republicanos nunca prometieron honestidad ni decencia –de hecho, su descarado latrocinio se cometía casi a la luz del día–, sin embargo, los hipócritas que hoy nos gobiernan se embolsan bienes públicos por la izquierda mientras rezan con simulada devoción un rosario con la derecha.
Todas estas constituyen razones de peso para que el pueblo paraguayo no permita que lo vuelvan a engañar vilmente en el 2013. Por eso es hora de que los ciudadanos decentes, de cualquier o ningún partido político, que se oponen a la rejuntada “alianza” líbero-izquierdista-marxista unan sus fuerzas para que los desvergonzados que hoy gobiernan el país sean desplazados del Palacio de López por la contundencia de los votos. Paraguay no merece que gavillas de atracadores e irresponsables sigan impidiendo que el país se inserte de una vez por todas en las amplias avenidas del desarrollo y el progreso de cada uno de sus habitantes.
12 de Enero de 2012 00:00