Pésimo pronóstico
Cualquier pronóstico acerca de lo que vaya a depararnos el año que se inicia debe necesariamente considerar que el 2012 será eminentemente político para nuestro país. Y por la experiencia acumulada en estos casi 23 años de desordenada vida democrática, todos sabemos muy bien lo que eso significa en términos prácticos: una dirigencia política enfrascada en disputas intestinas para definir candidaturas y un gobierno concentrado en captar recursos para ampliar su plataforma electoral. En síntesis, ataques, enfrentamiento, crispación, pérdida de tiempo y promesas vacuas.
En todos los casos, el 2012 será para el Paraguay otro año perdido en lo que respecta a la solución de los verdaderos problemas que preocupan y aquejan a la ciudadanía. El pueblo, como siempre, quedará a un costado. Y para quien se muestre escéptico al respecto, los antecedentes hablan por sí solos. Hace exactamente cinco años, a fines de diciembre de 2006, en vísperas del inicio de 2007, representantes del empresariado se reunían con el entonces presidente Nicanor Duarte Frutos para presentarle una grave preocupación de su parte: que la lucha electoral política por las presidenciales del año 2008 no perjudicara la atención de los asuntos más relevantes de la agenda pública, fundamentalmente la marcha de la economía. Como se ve, el tema no es nuevo.
Hoy estamos frente a idéntico escenario. Ante la incertidumbre que reina en las carpas del oficialismo en torno a cuál será el futuro político de sus integrantes en el próximo periodo presidencial, es seguro que tanto Fernando Lugo como sus principales colaboradores dedicarán todo su empeño y la mayor parte del año que comenzamos a captar recursos financieros para lograr posicionarse lo mejor posible en el nuevo escenario que se configurará a partir de su salida del poder.
Evidentemente, tanto para obtener una situación ventajosa en la conformación de una eventual chapa presidencial “aliancista” como para acceder a un número significativo de bancas parlamentarias, el luguismo deberá tener un creciente poderío económico. Es el único camino que tiene, ya que ni sus candidatos ni sus ideas han despertado el interés del electorado. En la consecución de este objetivo, apostará al juego del vale todo, recaudando fondos de donde sea y se pueda, si es preciso mediante la puesta en circulación de los consabidos maletines desde instituciones que tradicionalmente sirven de “caja” del poder, como Aduanas o las entidades binacionales de Itaipú y Yacyretá.
Eventualmente, también se recibirán “apoyos externos”, como fue el caso de otras campañas políticas registradas no hace tanto tiempo en países vecinos. En este sentido, como se sabe, siempre existen mandatarios dispuestos a “colaborar” con sus pares de la región, sobre todo en el ámbito del denominado bolivarianismo socialista del siglo XXI. Y no hace falta ser demasiado perspicaz para saber quién alienta este tipo de financiamientos electorales.
Así las cosas, Fernando Lugo y su gobierno concentrarán todos sus esfuerzos en ampliar su plataforma política, y para ello no dudarán un segundo en inyectar ingentes fondos públicos a los “planes sociales” tipo Programa Tekoporã, que tienen la virtud, según el práctico y eficaz punto de vista del proselitismo oficialista, de generar sin esfuerzos un caudal considerable de adhesiones políticas por la vía del prebendarismo y el clientelismo. Muy fácil.
Esto se desprende del reciente Mensaje de Fin de Año pronunciado por el Presidente, cuando dijo que los paraguayos que reciben los “resultados concretos” de su gestión son, entre otros varios, “esos compatriotas que hoy respiran económicamente, mediante los planes integrados de apoyo social a través de Tekoporã y otros emprendimientos”. Al tiempo de anunciar pomposamente que estos “son los que decidirán cuándo terminará este cambio”, con lo cual queda bien clara la descarada instrumentación de la política asistencialista del luguismo.
El resto de la dirigencia política, sea del color y la tendencia ideológica que fuere, también estará inmerso en los prolegómenos derivados de las luchas partidarias destinadas a definir las candidaturas de aquellos que pugnarán por los cargos electivos en abril del año próximo. Por lo tanto, no es mucho lo que habrá de esperarse de aquellos que ejercen funciones parlamentarias, ya que gran parte de los congresistas estarán igualmente enfrascados en pugnas internas para asegurarse un puesto en la legislatura siguiente.
Mientras tanto, dicho en buen paraguayo, el pueblo “andará por su cabeza”, postergadas nuevamente sus aspiraciones de que los gobernantes que fueron distinguidos con su confianza se ocupen de trabajar con responsabilidad para ordenar la economía, crear fuentes de trabajo, brindar seguridad a la ciudadanía y generar condiciones para que el Paraguay sea un destino atractivo para la inversión extranjera.
La corrupción, flagelo que bajo el autoproclamado gobierno “del cambio” no solo no disminuyó sino que se fortaleció y castiga sin piedad a la sociedad, seguirá rampante y posiblemente se agudizará, como producto de las transadas que se registrarán en los diferentes ámbitos de la administración pública para la recolección de fondos para la campaña electoral oficialista.
Por su parte, la insidiosa acción del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) en perjuicio de la ciudadanía también se fortalecerá, ya que nadie en el gobierno tendrá tiempo para ocuparse de los violentos. Más bien al luguismo le conviene que la insurgencia se instale en el debate político para causar una inquietud en la gente que le distraiga la atención en momentos que debería estar bien lúcida para votar a conciencia. Un clima electoral revoltoso favorece a los violentos.
Como puede percibirse, el escenario público del año que se inicia no es precisamente auspicioso para la población. Dado que esta desgraciada situación se ha reiterado de manera sistemática en los últimos 23 años, es de esperar que en las próximas elecciones –partidarias o nacionales– la ciudadanía tenga la sabiduría suficiente para elegir directivos y gobernantes que demuestren un verdadero compromiso con la causa de la gente; políticos que antepongan los intereses del pueblo a consideraciones de carácter sectorial y político partidaria.
2 de Enero de 2012 00:00
Los inmigrantes en el Paraguay
Gustavo de Gásperi (*)
Fuera de los indios que habitan nuestro suelo, todos los paraguayos provenimos de ancestros inmigrantes al Paraguay. Fueron pocos en comparación a los que, desde la conquista, quedaron retenidos en el Brasil y la Argentina que oficiaron de filtros con que dieron inicio a una geopolítica adversa a los intereses del Paraguay. No obstante, nuestros abuelos y bisabuelos fueron hermanos o primos hermanos de aquellos alemanes, italianos, españoles, polacos, ucranianos que hoy son o fueron los abuelos y bisabuelos de los brasileros y argentinos que llegan al Paraguay.
No tenemos la culpa de la xenofobia contra el paraguayo que inspiró a Pedro II, o a Bartolomé Mitre para odiar al Paraguay como lo odiaron para llegar a entre ellos a un pacto de exterminio que no cesó hasta matar al penúltimo de los paraguayos.
Hoy, tenemos el caso de Frutika de la familia alemana Kress, un joven matrimonio que llegó al Paraguay sin más medios que la voluntad de trabajar sin descanso, y el caso del señor Favero, cuyo pecado consiste en que los sucesivos gobiernos del Paraguay dejaban dormir la tierra roja sin laborarla, y no le pusieron tope al empuje con que arrasó los bosques para convertirlos en fértiles cultivos que le hicieron rico.
Mal que les pese a los Camacho, Ledesma, nietos o bisnietos de inmigrantes o quienquiera que hoy pretende exhibir sus patrióticos escrúpulos para fundar la poderosa industria del odio para cohonestar la persecución no explícita de las invasiones campesinas, modelos de democracia “participativa e inclusiva” con que de hecho ahuyentan o intentan ahuyentar a los Kress, a los Favero, a los Fritzen, a los Hedel que son primos hermanos o parientes al menos de nuestros ancestros que tuvieron la genial idea de permanecer en el Paraguay, y tuvieron que morir o aguantar la masacre de los Pedro II y de los Mitre, como lo hicieron nuestras “residentas” que son nuestras abuelas. ¡Valga mi homenaje, mi recuerdo y mi llanto al evocar a Juanita Vera y Aragón de De Gásperi, vagabunda de los bosques de Valenzuela, cuando niña aún hubo de auxiliar a los jóvenes soldados que murieron en Acosta Ñú!
Estamos a punto los paraguayos de cometer el pecado del odio al inmigrante que ama nuestra Patria.